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True Life Stories from Immigrants Engaging their Legislators

20 March 2013 No Comment

Juan Carlos Cook, MIRA Organizer
Photo by Scott M. Crawford, Ph.D                 

 

By MIRA Organizer Juan Carlos Cook
January 23rd, 2013

“Me? Talk to a gringo politician…in that building? Are you kidding me?” There was a suspicious quaver in the husky voice. The 20-something Felipe de la O, a strapping six-foot one construction worker with rugged muscles, refused to believe that he could step inside the Mississippi State Capitol in Jackson, without being immediately detained and carted off by immigration authorities at the front entrance. But after seeing that his girlfriend, Leticia, wasn’t backing down, de la O reluctantly changed his mind and, consumed by trepidation, entered the imposing state capitol building.

“Even though I can’t vote, the MIRA organizers kept telling me that I have the right to go inside that building, and talk to the lawmakers, because we pay taxes, too. Well, I didn’t think it was such a good idea, but now that I’ve been there, and have done it, and was even able to tell my story to the representative, well, that was very emotional for me. That representative actually listened to me! I was thinking about my little Jorge the whole time.” Still clutching her 2-year-old son’s hand, tears began to well up in Micaela’s weathered eyes as she recounted her riveting experience that day at the Capitol. “This is part of my responsibility as his mother.”

A native of El Salvador, Micaela manages to eke out a living inside a poultry processing plant in rural Scott County by hooking flailing chickens upside down by their feet to an overhead rail system that transports the doomed birds throughout the fetid bowels of the poultry plant as blood, excrement and feathers fly everywhere. The work is monotonous, dirty, dangerous and taxing. But for just a fleeting moment that promising January afternoon, none of that seemed to matter as Micaela left the State Capitol a changed woman; empowered, emboldened and convinced that she was able to make a difference. And she did.

And so did de la O, his girlfriend Leticia, and the scores of other immigrants from Asia, Africa and Latin America who converged on the State Capitol on January 23rd to engage and explain their plight of living “in the shadows.” No longer simply mere phantasms of current U.S. immigration policies, whole families – parents and their children – participated that day to demonstrate that immigrants are living, breathing human beings, too. Following a spirited news conference and rally inside the Capitol, the immigrants, in concert with allied leaders and activists from major African-American, faith, labor and community organizations, split up into delegations to target key state lawmakers.

That day, the delegations ended up visiting with a whopping total of 41 state legislators, which ultimately set the stage for the eventual death of all of the anti-immigrant proposals for the 2013 Legislative Session.

Determined to make her voice heard that day, Erica Vogelzang, an Argentine émigré possessing a mixture of Italian/German/Spanish heritage, was able to engage one middle-aged balding white legislator, clearly knocking him off his guarded composure. Her deep green eyes penetrated the lawmaker with precision and calculation as she told him in a very matter-of-fact way, “We have dreams, aspirations, and goals…we bleed, and we feel pain just like you legislators do.” For a few seconds afterwards, the legislator, clearly stupefied by Erica’s powerful words,  stood there unable to respond right away.

Mwiya Simainga, an African immigrant who is now a naturalized U.S. citizen, couldn’t have said it any better. “This is the whole purpose of civic participation, and why MIRA’s Civic Engagement Day is so meaningful. Even though most of these folks here today aren’t eligible to vote, either because they aren’t citizens yet, or they’re still too young, there are still many ways to participate and be civically active. And MIRA has proven that, by facilitating this event. Everyone’s opinion matters inside this building. And all of us deserve to play a role in the decision-making process that ultimately affects our communities. Black, brown, and all the other hues of humanity’s rainbow, we’re all in this together.”

He’s absolutely right. Since MIRA was founded in 2000, over 250 anti-immigrant and anti-worker bills have been stopped dead in their tracks thanks to the tireless education, organization, mobilization and steady building of our alliance. And MIRA is only getting started. The immigrants living in Mississippi – a motley cast of individuals, some a little more rough around the edges than others – are here to stay, and their voices will continue to be heard during the legislative process. And they’re certainly not backing down now.

(Names have been changed to protect the privacy of those involved)

 

 

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Las experiencias indelebles en el capitolio hablan por sí solas

(Los nombres de las personas que aparecen en este artículo han sido modificados para proteger su identidad.)

 

« ¿Quién, yo? ¿Hablar con un gringo político… adentro de ese edificio? » Protestaba con voz trémula en su español vernácula.  Felipe de la O, un muchacho fornido y de rasgos duros. Los trabajadores de la construcción son una raza dura de pelar, pero en ese momento de la O, un mexicano de unos veinte años que mide seis pies, era un manojo de nervios. Él no quiso creer que podía entrar en el capitolio estatal de Misisipí sin ser arrestado de inmediato por la “migra.” Pero al ver que su novia, Leticia, no iba a echarse atrás en su decisión de entrar – con o sin él – de la O cambió de parecer y, algo turbado, entró de mala gana en el capitolio, un edificio de belleza imponente e intimidatoria.

« Aunque yo no puedo votar, los organizadores de MIRA no paraban de decirme que sí tengo el derecho de entrar allí, y platicar con los legisladores, porque nosotros los inmigrantes también pagamos impuestos. Yo no creía que fuera buena idea presentarme allí, pero ahora que fui al capitolio, y estuve allí, hasta contando mí historia al representante, pues para mí fue algo muy conmovedor. ¡Incluso ese representante me escuchó! Estaba pensando en mi pequeñín Jorge todo ese rato. » Al contarnos su cautivador experiencia dentro del capitolio ese día, Micaela estaba a punto de llorar y aun no soltaba la mano de su hijo de 2 años. « Esto es parte de mi responsabilidad como madre,» continuó ella.

Originalmente de El Salvador, Micaela se gana la vida a duras penas dentro de una planta procesadora de pollos situada en el condado rural de Scott. Su trabajo allí consiste en enganchar pollos vivos, patas arriba, a una línea transportadora que corre arriba de ella. De allí las aves siniestradas viajan suspendidas en el aire, aterrorizados, hacia una muerte violenta. El trabajo que desempeña Micaela dentro de esa planta fétida es monótono, asqueroso, peligroso y muy agotador. En cualquier momento dado hay sangre avícola, excremento y plumas que salen volando por toda la planta infernal. Pero por un breve momento durante ese día de enero tan prometedor, no importaba nada de eso. Micaela salió del capitolio como una mujer transformada. El envalentonamiento y la atribución de poder alumbraron su rostro, y ella se fue de allí convencida que pudo cambiar totalmente la cosa. Y la verdad es que ella sí pudo, ya que ese día hizo de ella una estrella. Esta experiencia la afianzó en su propósito.

Tanto Felipe de la O y su novia, Leticia, como Doña Micaela y los montones de otros inmigrantes provenientes de Asia, África y Latinoamérica que se dirigieron al capitolio el 23 de enero pudieron marcar una diferencia en beneficio de todos los demás inmigrantes que viven en la sombra. Ese día se transformaron familias enteras – padres con sus niños – en cabilderos, entablando conversación con los legisladores y dando testimonio para mostrar que ya no sólo eran fantasmas de las políticas migratorias sino seres humanos, vivos y palpitantes.  Después de una rueda de prensa enérgica que hubo dentro del capitolio, los inmigrantes, juntos con otros líderes afro-americanos, aliados y activistas de otros organismos comunitarios, iglesias y del movimiento obrero se dividieron en varios grupos con el fin de enfocarse hacia ciertos asambleístas claves del estado.

Ese día, los grupos terminaron en entablar conversación con un total de 41 asambleístas del estado. Este acontecimiento a la larga creó el marco idóneo para la muerte política de todas las propuestas de ley antiinmigrante durante la asamblea del 2013 en Misisipí.

Érica Vogelzang, una emigrada argentina de descendencia alemana, española e italiana, entró en el capitolio con aire resuelto. Termino su tarde conversando con un legislador blanco de mediana edad, parcialmente calvo, agarrándolo de improviso. Ella lo miró profundamente a los ojos, paralizándolo con una mirada penetrante, diciéndole de manera claramente prosaica « Nosotros tenemos sueños, metas y anhelamos a una mejor vida… también sangramos, y sentimos dolor igual que vos y gente de su jaez.” En un abrir y cerrar de ojos ella dejó el asambleísta estupefacto.

Mwiya Simainga, un africano que emigró a los Estados Unidos durante los años ochenta y ahora es ciudadano estadounidense, no lo pudo haber dicho mejor. « Este es el propósito fundamental de la participación cívica, y porque el Día de Acción Cívica que organiza cada año MIRA merece la pena. A pesar de que la mayoría de estas personas que están aquí hoy no pueden ejercer el voto, porque todavía no son ciudadanos o son menores de 18 años, hay muchas formas en que podamos participar en el proceso, sin importar la capacidad de votar o el estado de ciudadanía. Y MIRA nos ha confirmado, al facilitarnos esta oportunidad hoy, que la opinión de cada quien cuenta adentro de este edificio y todos merecemos tener un papel en la toma de decisiones en nuestras comunidades. Negros, morenos y todos los demás colores del arco iris de la humanidad…estamos metidos todos por igual. »

Simainga tiene toda la razón. Desde el año 2000, cuando se fundó MIRA, más de 250 proyectos de ley antiinmigrante han quedado detenidos en un punto muerto gracias a la educación, organización y movilización infatigable de nuestra alianza de un número cada vez mayor de gente. MIRA apenas está comenzando. Los inmigrantes que viven en Misisipí – peregrinos de lo más variopinto, algunos muy sofisticados y otros un diamante en bruto – están aquí para quedarse y sus voces continuarán siendo escuchados durante el proceso legislativo. Y ahora no se echarán atrás.

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